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Virgilio Raiden: “Una casa no es cualquier cosa”

El empresario, que es además psicólogo plantea de forma concreta y contundente la necesidad de pensar más allá de los negocios y la arquitectura, en todo aquello que significa una casa.

Aunque suelen tomarse como sinónimos, las palabras “vivienda”, “casa” y “hogar” esconden diferencias sustanciales.

“Vivienda” hace referencia a la construcción física, a ese lugar acotado arquitectónica y jurídicamente donde alguien tiene su domicilio.

Cuando nos referimos al lugar donde vivimos, coloquialmente hablamos de nuestra casa. El lenguaje cotidiano está plagado de expresiones que corroboran esto. Cuando conjugamos la expresión 'volver a casa’, apelamos, en efecto, a un punto concreto, pero también a un estado anímico de confianza y de referencia existencial fundamental.

“Hogar”, por último, nos adentra aún más en el centro íntimo del lugar donde habitamos. En su primer significado, hogar es el lugar donde está el fuego, el fogón que se halla en el centro de la casa, y lo templa y le da calor, hace el espacio acogedor y habitable, e invita a rodearlo, a sentarse en torno a él.

Cabe entonces que nos preguntemos como desarrolladores inmobiliarios: ¿qué construimos? ¿Viviendas, casas u hogares? Creo que nuestro producto debe alejarse de la frialdad de una vivienda, y ser una casa que evoque un hogar.

En el clásico test productivo gráfico H-T-P, a través de la observación del dibujo de una casa, el psicólogo obtiene información sobre la imagen de sí mismo que tiene el paciente, el vínculo materno-filial y las relaciones familiares. Las paredes simbolizan fortaleza o debilidad yoica, las ventanas actitud de receptividad o cierre, etc. En síntesis, la casa representa la imagen de uno mismo.

Las imágenes de la casa están en nosotros tanto como nosotros estamos en ellas. Yo soy mi casa… mi casa habla de mi… yo hablo de mí a través de mi casa… ¿Quién soy?, ¿quién quiero ser?, ¿qué casa de las que hay en el mercado soy yo? Estas son algunas preguntas inconscientes que se juegan en la compra de un inmueble.

La casa tiene una connotación espiritual de refugio y seguridad, por contraste con un vivir expuesto que sería propio de la existencia a la intemperie. Es el lugar del goce y del acopio de recuerdos, que forjan una identidad y permiten reconocerse en una radical intimidad como siendo igual a sí mismo.

La casa soñada debe tenerlo todo. Por muy vasto que sea un espacio, la intimidad necesita el corazón de un nido. A veces, la casa del porvenir es más sólida, más clara, más vasta que todas las casas del pasado. Frente a la casa natal trabaja la imagen de la casa soñada que concentra todo lo que se ha valorado como cómodo, cálido, familiar, sano, sólido, incluso codiciable. ¿Tu producto inmobiliario evoca casa soñada? ¿Es la casa del porvenir de tu cliente? Si la respuesta de tu cliente es afirmativa, entonces te comprará. SI no lo es, por más que inviertas grandes sumas en publicidad no llegarás a las emociones que disparan la decisión de compra.

Queda entonces abierta la pregunta para todos los desarrolladores inmobiliarios: ¿Cómo aplicarás todas estas reflexiones a tus próximos proyectos?

 

Por Virgilio Raiden, CEO de Globup

 



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